Por una generación de lectores - El Limón de los Ramos - Culiacán, Sinaloa

Historias de éxito

Por una generación de lectores

El Limón de los Ramos

Culiacán, Sinaloa - Enero 2017


En toda ciudad desconocida caben tres ficciones: la que el turista imagina, la que conoce por el cine y la televisión, y la que espera de su paso por ella.

Poco antes del aterrizar —por primera vez— en Culiacán, se dibujaron las primeras dos ficciones: el calor sofocante, el marcado acento norteño de cowboys a la medida de sus costumbres y carnes asadas por doquier. Luego la era dorada del cine mexicano y los orígenes de un entusiasta joven con un vozarrón llamado Pedro Infante, la televisión que ficciona a Amado Carrillo y cualquier rola de Los Tigres del Norte o Espinoza Paz.

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La única pieza faltante del trío de ficciones era la vivencia propia del paso por Culiacán. La misión del viaje era la de documentar una historia tan curiosa como noble, —quizás sin tantos puntos de raiting y de la que no se hará una serie de acción hiperbólica prolongada en cuatro temporadas—sobre el altruismo de Jesús Reyes Ramos, un médico alergólogo dedicado a formar lectores en El Limón de Los Ramos, una localidad de poco más de 3,000 habitantes del municipio de Culiacán.…

El traslado del aeropuerto a la ciudad estuvo a cargo de Christopher Cisneros, un diseñador gráfico muy alto y muy bonachón, quien desde su trinchera —una Mac, Photoshop y mucha creatividad— ha sido partícipe de diversas iniciativas de valor social, siendo la última de ellas el galardón del Ciudadano Kybernus.

Rumbo al centro de Culiacán, Christopher fue tajante sobre las tres ficciones imaginadas en el aire.

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¡Sinaloa no es sólo lo que sale en televisión! Por ejemplo, el Ciudadano Kybernus. Eso casi no sale en televisión y existe- contestó mientras ponía la camioneta en marcha.

Sobre la autopista, el diseñador sinaloense bajó las ventanas y subió el tono de voz para hablar de la premiación que tendría lugar horas después. 

El Ciudadano Kybernus nace a raíz de una iniciativa de los kybernautas del estado de rastrear, contactar y premiar a aquellos sinaloenses que estén haciendo algo positivo por el estado, por mínimo que sea- dice Christopher mirando de reojo la cámara, mientras maneja hacia el centro de Culiacán.

¿Y quién dio con el primer Ciudadano Kybernus?

¡Ah, esa fue de Anaís Márquez! Ella conocía la labor del doctor Reyes Ramos, propuso su premiación, el colectivo votó a favor, y así se hizo el primer galardonado.  


Después del paso por la Catedral de Nuestra Señora del Rosario y el parque Ernesto Millán Escalante —o EME, abreviación sencilla y amable, según Christopher— cuyo lago artificial y atracciones acuáticas hacen las veces de válvula de escape en los sofocantes veranos norteños, Christopher dijo que antes había que comer.

Vamos a Los michoacanos. Ahí están Francisco y Anaís.


La taquería estaba sobre la calzada del aeropuerto y su menú tenía como única característica la carne de cerdo en todas sus presentaciones. Dos refrescos después aparecieron Anaís y Francisco. Ella, “una muchacha interesada en proyectos relacionados con ayudar y educar a los niños” y Francisco López Cira, “economista, maestro en Administración en Finanzas y enlace del Colectivo Kybernus Sinaloa”.

Yo también soy economista egresada de la Universidad Autónoma de Sinaloa, soy coordinadora de la unidad de proyectos estratégicos del Centro de Ciencias del estado, y cuando supe de la labor del doctor, lo propuse y ahí fue cuando todo el colectivo Kybernus decidió premiarlo.

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Poco después del mediodía de aquel sábado, rumbo a la calle Miguel Hidalgo, esperaba en su consultorio el doctor Reyes Ramos.  Ya frente a la cámara donde daría testimonio,  se dio la licencia de un anecdotario:

Contó que aquella casa de El Limón de los Ramos donde más de 20 niños se reunían a leer todos los sábados, era la misma de su infancia, y que su decisión de hacer de ella un círculo de lectura respondía a “un llamado, una necesidad de fomentar en los niños el hábito de la lectura por placer, confiados en que un niño leído, culto, será un mejor profesionista, un mejor padre, un mejor ser humano”.

Su consultorio, modesto y muy completo, tenía de fondo una persiana naranja casi fluorescente, y en la mesa de cristal donde entre semana escribía récipes médicos para combatir cualquier cantidad de alergias, posó, orgulloso, la placa de cristal con sus dos nombres y dos apellidos grabados, que lo confirman Ciudadano Kybernus.


¿Listos para grabar?- preguntó el doctor Reyes Ramos.

¡Listos!- dijo Francisco López Cira, sonriente detrás de cámaras. 


El círculo de Limón Lectores surgió por la necesidad de fomentar en el poblado de El Limón de los Ramos el hábito de la lectura en los niños, con el reto de fomentar el hábito de la lectura por placer. Mediante estrategias, procuramos despertar en el niño el interés por la lectura: libros ilustrativos, fábulas, pinturas —se lee un cuento y los niños hacen un dibujo sobre lo que entendieron— y un sinfín de dinámicas que los motiven a llegar a la última página.

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¿Y los niños son evaluados?- preguntó Anaís, entre pícara y sonreída, a sabiendas de la respuesta, procurando que el doctor volviera a dirigirse a la cámara.

Para nada. No se trata de enseñarlos a leer correctamente. Se trata de que queremos y creemos que si fomentamos un buen hábito, podemos ir forjando futuros hombres y mujeres alejados de vicios que atañen a nuestra sociedad tan severamente.

¿Hace cuánto fundó el círculo de Limón Lectores?- volvió Anaís riendo.

En febrero de 2017, el doctor Reyes Ramos cumple cuatro años de la rutina que lo hace salir todos los sábados de su consultorio rumbo al hogar de su infancia, donde lo esperan madres ávidas de que sus hijos lean y niños y niñas de todas las edades, quienes revolotean alrededor de las bajitas e infantiles mesas repletas de libros de texto y dibujo.

Al fondo estaban Francisco López Cira, enlace del Colectivo Kybernus Sinaloa, seguido de Christopher, enlace, y Anaís, participante y artífice de la premiación que tendría lugar al final de la jornada.

En Sinaloa hay mucho talento, lo veo a diario.- dijo López Cira en voz baja mientras veía a los niños leer en voz alta.

 Al fondo, una enorme biblioteca —de libros regalados, donados, reciclados, etc. — conformada por títulos como Sinaloa en el siglo XXI; El teléfono celular: su incorporación a la vida social; Derechos de los niños, niñas y adolescentes, diversas ediciones de Pedro Páramo y hasta el Fausto de Goethe están al alcance de la mano.


Pero es un estante particular el que llama la atención de los niños:

¿Qué tienen dentro? Los juguetes

¿Qué tienen dentro? Los barcos

¿Qué tienen dentro? Los grandes inventos

¿Qué tienen dentro? Las naves espaciales


Así pasa un sábado más del círculo de lectura de Limón de Los Ramos, que al final de la dinámica, invita a los niños a formar una rueda, con el doctor Reyes Ramos al centro, quien abre un pasaje de Juan Rulfo y empieza a narrar:

“Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo”… 

¿Cómo se llama el padre?- pregunta el doctor con los lentes caídos y sin perder de vista el texto.

¡Pedro Páramo!- responden los niños al unísono.

Al final de la jornada cumplimos con el ritual de inmortalizar el momento mediante un selfie en cuyo fondo se deja ver la fachada de Limón Lectores, una casa humilde donde se forma una nueva generación de lectores.


Esto confirma que Culiacán no es sólo lo que sale en televisión.- espetó Christopher dirigiéndose a todos y a ninguno,  sonreído, rumbo a otra taquería.


Es un día de celebración.


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